Con el paso del tiempo, el cuerpo atraviesa cambios que impactan directamente en la fuerza y la movilidad. Uno de los más frecuentes es la sarcopenia, un proceso natural que implica la pérdida progresiva de masa muscular y que puede comenzar incluso antes de los 40 años. A partir de los 50, esta disminución se vuelve más notoria y puede afectar la calidad de vida si no se adoptan ciertos cuidados.

Especialistas señalan que la pérdida de músculo puede oscilar entre un 3% y un 8% por década, aun en personas activas. Por eso, la prevención no depende solo del movimiento cotidiano, sino de una combinación de actividad física específica y una alimentación adecuada.

En ese contexto, la proteína sigue siendo un nutriente clave para preservar el tejido muscular. Sin embargo, no actúa sola. A la par del entrenamiento de fuerza —como ejercicios con pesas, bandas elásticas o el propio peso corporal—, algunos alimentos cumplen un rol complementario que suele pasar desapercibido.

Entre ellos aparece una fruta que gana relevancia a partir de los 50: la ciruela pasa. Lejos de ser solo un recurso digestivo, este alimento concentra minerales como magnesio y boro, además de vitamina K, todos vinculados al mantenimiento de huesos y músculos. A esto se suman sus polifenoles, compuestos antioxidantes que ayudan a combatir el estrés oxidativo y la inflamación, dos factores que influyen en el envejecimiento celular y en la recuperación tras la actividad física.

Incorporar ciruelas pasas a la dieta no requiere grandes cambios. Pueden sumarse a licuados como endulzante natural, cocinarse para obtener una pasta sin azúcar agregada ideal para untar o utilizarse en salsas que acompañan carnes.